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 11 me considero una sacerdotisa... Pero ellos qué saben de estas cosas... Ellos qué saben de ese momento en el que un rayo de luz del crepúsculo, filtrándose a través de la rendija de una ventana, se convierte en un mundo de personajes e historias, más allá del tiempo y del espacio advirtiendo de la ignorancia que se oculta tras la apariencia de las cosas. Ellos qué saben de la magia indescriptible de ese inefable instante en el que inclinando suavemente la cafetera, el oscuro café se precipita estrepitosamente en el interior de la blancura de la taza, desprendiendo esa aromática nube, tan llena de sugerencias, increpando la estática presencia del no-tiempo, aún a pesar de nuestra ignorancia. Han olvidado los sueños de sus antepasados, y los pocos que recuerdan se los toman a broma. La Iglesia les colonizó la conciencia y ahora ya solo ven la tele. Y, en aquel momento, viendo ensimismado como vertía lentamente el café en la taza, tuve una inexplicable experiencia: algo así com...
 10 -Al norte "El Ermitaño" -continuó la bruja como tirando de mí hacia el fondo de la espiral-, lo que tú tienes, la iniciación del guerrero, la luz interior. Que, con la ayuda de la inteligencia activa: "La Emperatriz" -dijo, siguiendo el círculo de cartas que había dispuesto sobre la mesa, en el sentido del sol-, verás la vida desde una nueva perspectiva: "El Colgado". Si no lo estás haciendo ya -observó lanzándome una penetrante mirada-. Desde este cambio de perspectiva, tendrás la ayuda de "La Estrella" para poder vivir tu pasión con locura: "El Loco". Pero alguien vela por ti. Vivir con pasión, te comunicará con la autoridad espiritual y moral necesaria: "El Papa", para entrar en la nueva era: "El Mundo". Y quizás no tan solo para entrar, sino incluso para abrir. Lo cual, naturalmente, acabará con todo lo que hasta ahora había tenido sentido -concluyó satisfecha señalando la carta de "La Muerte", al...
 9 iniciación del monje-guerrero, “el ermitaño”. Al sur, el ser, la pasión de vivir, “el loco”. Al este, en el tonal, “el colgado”, que ve el mundo cabeza abajo, tranquilamente toma consciencia, la revolución. Al oeste, el nagual, “el mundo”, el retorno del Cristo. Y en el centro estás tú, con todos los recursos, sin pasado y con el futuro por hacer -y realizó una pausa, mostrando una vez más aquella temible sonrisa. -¿Pero no habías dicho que al oeste estaba el tonal y al este el nagual? -dije interrumpiéndola. Ella se quedó mirándome con una sonrisa algo burlona -¡Claro! ¡Cierto! Al oeste el tonal y al este el nagual. Me confundí -aceptó echándose a reír de nuevo-, pero bueno chico, estas cosas pasan. En publicidad y en política un día dicen una cosa y al día siguiente la contraria. Y la gente se lo traga todo. Pero tu estas al loro y te fijas, ¿eh? Muy bien, así me gusta. Pero ya que te fijas tanto te voy a hacer una confesión. Que debería ser una obviedad, pero tenemos la...
 8 divertida sonrisa. Por un momento pareció que iba a estallar de nuevo en una de sus carcajadas, pero no fue así. -Cuando le ves la trampa al sistema, empiezas a saber demasiado -añadió en tono reflexivo señalándome con su expresivo dedo-, y la primera intención es salir corriendo, huir, cosa imposible, ya no hay islas perdidas, todas están controladas vía satélite y en el mapa. No se puede salir del sistema, pero lo que sí se puede hacer es sacar el sistema de dentro de ti. Este es el gran reto. Tú estás en el intento. Ya hablaremos. Ya veremos si eres capaz. Suspiró profundamente, se incorporó en la silla, y tomando una nueva carta la colocó a la derecha. -¡Muy bien! Al este, "El Mundo". El este es el lugar del nagual, del espíritu y, fíjate bien, ahí tienes una carta que expresa el nacimiento de un nuevo orden. La nueva era -enfatizó la bruja-. Venus andrógina, la vida, el amor, emergiendo una vez más, triunfante, en medio de una corona de laurel, siempre virgen,...
 7 -Bueno, lo que quiero decir es... -quise aclarar- A veces   me siento vacio, como si realmente me hubiese quedado sin pasado y sin futuro. -¡Ah!, eso está muy bien -respondió ella con repentina seriedad, señalándome con el dedo-. Quizás estés perdiendo algo de ego. Estas soltando lastre. A mí, esto me sonó como si estuviera hablando con un niño que había hecho bien sus deberes y no me gustó nada. -¿Qué quieres decir? -inquirí con cierta incomodidad. -Hay que volar. -dijo riendo- Pesas mucho, y no me refiero solo a tu barriga, que también. Hay que andar ligero de equipaje. Yo soy, yo tengo, yo estoy, yo puedo, yo, yo, yo… ¡Uf! Todo esto pesa mucho. -¿Y para qué quieres un pasado? -añadió dulcificando la voz-, ¿para llorar por él, o para enorgullecerte de él? ¿Y el futuro?, ¿para preocuparte? El pasado ya pasó y el futuro ya llegará. -Había dicho esto con tal cariño, que me quedé absolutamente perplejo y sin saber que contestar. -¡El presente chico! -exclamó de ...