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divertida sonrisa. Por un momento pareció que iba a estallar de nuevo en una de sus carcajadas, pero no fue así.
-Cuando le ves la trampa al sistema, empiezas a saber demasiado -añadió en tono reflexivo señalándome con su expresivo dedo-, y la primera intención es salir corriendo, huir, cosa imposible, ya no hay islas perdidas, todas están controladas vía satélite y en el mapa. No se puede salir del sistema, pero lo que sí se puede hacer es sacar el sistema de dentro de ti. Este es el gran reto. Tú estás en el intento. Ya hablaremos. Ya veremos si eres capaz.
Suspiró profundamente, se incorporó en la silla, y tomando una nueva carta la colocó a la derecha.
-¡Muy bien! Al este, "El Mundo". El este es el lugar del nagual, del espíritu y, fíjate bien, ahí tienes una carta que expresa el nacimiento de un nuevo orden. La nueva era -enfatizó la bruja-. Venus andrógina, la vida, el amor, emergiendo una vez más, triunfante, en medio de una corona de laurel, siempre virgen, incluso después de haber jodido como una Magdalena. Y los cuatro evangelistas en torno suyo dispuestos a dar fe. Vuelve a estar todo por hacer. Porque esta hermosa virgen-puta que es la vida, cada año muere y renace con todo el esplendor. Y también expresa la vuelta de la pasión de Cristo que renace en cada hombre y en cada mujer para celebrar la vida. Aunque la Iglesia se encargó de que no fuera una pasión de gozo sino de dolor -Había dicho todo esto hablando con gran seriedad, incluso con solemnidad, pero de pronto se echó a reír con aquella risotada loca. Y mientras yo aún estaba intentando comprender lo que había dicho, ella se levantó y andaba por la habitación retorciéndose de risa. Por un momento pensaba si me estaba tomando el pelo.
-Qué te parece si nos tomarnos una copa para celebrarlo -dijo la bruja de pronto, enjugándose las lágrimas de la risa con la larga manga de su largo vestido negro-. Tengo un licor de hierbas buenísimo. Lo hago yo. ¿Te gusta el licor de hierbas? Le pondremos un poco de hielo para enfriar un poco el ambiente y mantener la presencia de ánimo. Esto se está poniendo emocionante, ¿no crees? Tú no sé si te das cuenta, pero te están saliendo unas cartas muy interesantes-. Y mientras hablaba, había encendido unas velas, había ido a por el hielo y llenaba las copas, que más que copas parecían cálices, con un licor verdoso.
A la luz de las velas vi que era una mujer alta y delgada, con un largo vestido negro que parecía una túnica que le daba un aire elegante. Sus comprensivos ojos grises y el largo cabello rojo que flotaba alrededor de su rostro como un halo, acentuaban la palidez de su cara llena de arrugas, pero que cuando sonreía parecían disolverse en la dulzura de sus facciones. Además, se movía con sorprendente gracia y ligereza, con ingrávidos gestos de adolescente, los brazos siempre algo levantados listos para el gesto que acompañaba cada palabra. Todo ello hacía muy difícil determinar su edad. A pesar de la incomodidad que me había producido la situación, me sentía tremendamente fascinado por tal personaje. Hay que reconocer, pensaba, que parece lo que es: una bruja. En la edad media, la Santa Inquisición ya la habría quemado en la hoguera.
Encendió unas varillas de sándalo.
-¡Bien, bien, bien! ¡Veamos lo que tenemos aquí! -exclamó volviéndose a sentar- ¡Por la vida! -brindó animada levantando la copa.
-Eso, ¡por la vida! -respondí, intentando no mostrarme inhibido. La situación me había desbordado desde el principio y no lograba recuperarme del todo. Ella me miró unos instantes sonriendo con aquella cariñosa dulzura que yo empezaba a temer. ¡En el momento siguiente la bruja podía hacer cualquier cosa!
-Y por la muerte -añadió mirándome con ojos burlones.
Levanté la copa sin mucha convicción y en el momento del clic sentí algo así como un calambre que, empezando en la mano, atravesó todo mi cuerpo como un rayo, precipitándome en una especie de vertiginoso trávelin instantáneo de imágenes sensaciones y emociones como venidas de muy lejos. Pero que, por alguna razón, seguían estando muy cerca.
Por un momento, nuestras miradas quedaron atrapadas entre sí. Sus ojos eran un abismo insondable que me decían infinidad de cosas que yo todavía no podía llegar a comprender, pero mantuve el reto, y me pareció que ella también caía en la profundidad de mi mirada, intentando captar algo que quizás aun estaba más allá de su alcance.
-Vamos a ver qué es lo que tenemos aquí -repitió ella levantando el tono de voz como para romper el hechizo en el que habíamos caído-. ¡Fíjate Horacio! ¡Resumiendo!. Al norte tienes la
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