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-Bueno, lo que quiero decir es... -quise aclarar- A veces me siento vacio, como si realmente me hubiese quedado sin pasado y sin futuro.
-¡Ah!, eso está muy bien -respondió ella con repentina seriedad, señalándome con el dedo-. Quizás estés perdiendo algo de ego. Estas soltando lastre.
A mí, esto me sonó como si estuviera hablando con un niño que había hecho bien sus deberes y no me gustó nada.
-¿Qué quieres decir? -inquirí con cierta incomodidad.
-Hay que volar. -dijo riendo- Pesas mucho, y no me refiero solo a tu barriga, que también. Hay que andar ligero de equipaje. Yo soy, yo tengo, yo estoy, yo puedo, yo, yo, yo… ¡Uf! Todo esto pesa mucho.
-¿Y para qué quieres un pasado? -añadió dulcificando la voz-, ¿para llorar por él, o para enorgullecerte de él? ¿Y el futuro?, ¿para preocuparte? El pasado ya pasó y el futuro ya llegará. -Había dicho esto con tal cariño, que me quedé absolutamente perplejo y sin saber que contestar.
-¡El presente chico! -exclamó de pronto, dando una palmada con sus largas, huesudas y afiladas manos delante de mi sorprendida nariz, lo cual me sobresaltó de tal forma que me hizo echar para atrás, hasta el punto de que por poco me caigo de espaldas con silla y todo-. ¡Qué no se te escape el presente! -añadió. Y levantándose de pronto se echó a reír con aquella risotada que a mí me parecía la risa de una bruja loca. Se acercó al fuego y puso un nuevo leño.
-Bueno, ahora veamos cuáles son tus recursos -exclamó sentándose al tiempo en que volvía a mostrar su encantadora sonrisa con un cierto aire de picardía en los ojos.
Reincorporándose, tomó una nueva carta del montón que tenía delante colocándola por encima de la primera, algo separada.
-Al norte, "El Ermitaño" -dijo con suavidad sin perder la sonrisa, ladeando ligeramente la cabeza con un gesto que me pareció lleno de gracia-. El norte es el lugar del guerrero, el conquistador -explicó-, expresa el recurso de la acción, el poseedor, el tenedor. Lo que tú tienes -¿entiendes?-, y ahí tienes al Ermitaño. ¿Y qué tiene el Ermitaño? La introspección, la reflexión, el poder interior, luchar desde y por la luz interior. La iniciación del guerrero. Esta es una carta profundamente espiritual. Vas a tener que velar tus armas en la soledad. -subrayó-. Y diciendo esto se había ido poniendo seria y me señalaba con un largo y algo curvado índice, clavando sus afilados ojos en los míos y haciendo que me sintiese como atrapado por aquella mirada de serpiente.
-Al sur, "El Loco" -dijo colocando cuidadosamente una nueva carta por debajo de la primera-. El sur es el lugar del ser. Al norte lo que tienes, al sur lo que eres -aclaró-. El loco, el pasota, la pasión, el ensueño, la creatividad -explicaba muy seria con voz ahogada, como en un susurro-. El amante de la diosa. A la diosa le gustan las locuras y tiene mil caras. ¿Y ahí qué tenemos?: El caos. Es un desafío. ¡Ha! -exclamó golpeando la carta de nuevo con su largo dedo. Y añadió elevando el tono-: "El Loco" es el que rompe el orden establecido. Él, es el bufón; el que se ríe del rey, y aunque le esté mordiendo un perro en el culo, camina por la vida tranquilamente, con la cabeza bien alta.
-¡Muy bien! Pues mira Horacio, vas a tener que vivir tu vida con pasión y con locura.
-¿Qué tipo de pasión? -me aventuré a preguntar.
-¡La que sea! -Exclamó con un amplio gesto de sus excesivas manos- ¡La pasión de vivir! Has de vivir sin preocuparte de las conveniencias sociales. Desde el corazón. Incluso sin preocuparte de si te gusta o te disgusta. Haces lo que toca y asumes impertérrito lo que venga.
En cierto modo es lo que estoy haciendo sin proponérmelo, pensé, pero no dije nada, estaba sobrecogido por una situación tan sorprendente y una historia tan fascinante.
-Pero ahora vamos a ver qué es lo que hay en el oeste -dicho lo cual, colocó una nueva carta a la izquierda de las tres que había colocado inicialmente, algo más separada.
-"El Colgado" -dijo la bruja. Yo miré la carta con aprensión. Ella me sonrió comprensiva-. Fíjate bien en la carta. Está colgado por un pié, mirándose el mundo tranquilamente cabeza abajo. ¡"El Colgado" es el que ve al mundo desde otra dimensión! -exclamó con su dulce sonrisa y la picardía de sus ojos grises-. Y la tienes en el oeste, que es el tonal, el lugar de lo material. Esto es un cambio de perspectiva en el mundo de la materia. Las cosas ya no van a ser más lo que eran -insistió ella de forma casi insidiosa-. Estás viendo la vida desde una nueva perspectiva -dijo con suavidad, observándome apoyada en el respaldo de la silla-. No es que esta sea una situación cómoda, por lo que tiene de desafío, pero no hay duda de que es un crecimiento personal. De todos modos, cuando se llega ahí no hay vuelta atrás. O sea que mejor será que te lo tomes bien, cariño -añadió con una
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