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iniciación del monje-guerrero, “el ermitaño”. Al sur, el ser, la pasión de vivir, “el loco”. Al este, en el tonal, “el colgado”, que ve el mundo cabeza abajo, tranquilamente toma consciencia, la revolución. Al oeste, el nagual, “el mundo”, el retorno del Cristo. Y en el centro estás tú, con todos los recursos, sin pasado y con el futuro por hacer -y realizó una pausa, mostrando una vez más aquella temible sonrisa.
-¿Pero no habías dicho que al oeste estaba el tonal y al este el nagual? -dije interrumpiéndola.
Ella se quedó mirándome con una sonrisa algo burlona -¡Claro! ¡Cierto! Al oeste el tonal y al este el nagual. Me confundí -aceptó echándose a reír de nuevo-, pero bueno chico, estas cosas pasan. En publicidad y en política un día dicen una cosa y al día siguiente la contraria. Y la gente se lo traga todo. Pero tu estas al loro y te fijas, ¿eh? Muy bien, así me gusta. Pero ya que te fijas tanto te voy a hacer una confesión. Que debería ser una obviedad, pero tenemos la capacidad de asumir como normal cualquier tontería -e hizo una pausa para tomar un sorbo de su copa, cosa que aproveché para beber yo también-. Esta manera de echar las cartas es un convencionalismo, pero es que en la vida todo son convencionalismos. Los lenguajes son puros convencionalismos. ¿Por qué una silla se llama silla? ¿Por qué estas imágenes en la cartas? ¿Por qué estos significados? Intentamos explicar la vida, y esto es imposible, pero hay que hacerlo. ¿Cómo explicas una emoción? ¿Qué significa, te quiero? -dicho esto se quedó en silencio mirándome, bebió de nuevo, cosa que yo también volví a hacer, sonrió-. Ya te dije: si te crees todo lo que te diga estas perdido, si no te crees nada perdemos el tiempo. Qué más da si el tonal y el nagual están a un lado o al otro, pero ahora y aquí tiene su importancia, y has hecho bien el fijarte y corregirme.
-Cierto, ¿qué significa té quiero? -dije-, mas por decir algo que por otra cosa. La verdad es que estaba sorprendido.
Ella se echó a reír de nuevo -Cierto, ¿qué significa té quiero?- Repitió. Pero ahora nos perderíamos en la inmensidad del corazón.
-Sigamos, veamos ahora cuales van a ser tus aliados -dijo dando un golpe con la mano sobre la mesa, que hizo saltar las cartas y me sobresaltó una vez más.
Después de sorber ceremoniosamente de su copa, echó una nueva carta colocándola en el espacio que había en lo que sería el noreste.
-"¡La Emperatriz!" -e hizo una pausa- Entre la acción y la materia, tienes a la Emperatriz, que representa la inteligencia activa -explicó con expresivo gesto-. ¡No está mal! ¡No está mal!
Y sin más dilación, colocó una nueva carta en lo que sería el sudeste.
-"¡La Estrella!" Una hermosa carta entre la materia y la pasión. Es la Hada Buena; ella te ayudará. ¡Tienes suerte! -añadió reflexionando, con aquella inquietante sonrisa en el rostro- El lugar en que se encuentran la pasión y la materia suele ser una fuente de conflictos. Pero aquí tienes la Hada Buena dando fluidez a la coyuntura.
-Vamos a ver qué otros aliados tienes -dijo absorta, como hablando consigo misma, al tiempo en que echaba una nueva carta en lo que sería el sudoeste.
-"¡El Papa!": la autoridad espiritual y moral; entre la pasión y el espíritu, entre el loco y el mundo. Muy bien, un buen sitio para tener esta carta. Yo diría que está en su sitio.
Y sin más preámbulos, echó una nueva carta en el noroeste.
-¡Y la última! "La Muerte", que representa imperativo de cambio, entre el espíritu y la acción. ¿Cómo no? -exclamó de forma reflexiva observando atentamente todas las cartas que había en la mesa-. No podía ser de otro modo -insistió-. Entre la acción y el espíritu un cambio...
La verdad es que yo miraba la carta de “La Muerte” con cierta aprensión, pero a ella no parecía disgustarle en absoluto, más bien al contrario, diríase que le gustaba. Aunque de una bruja loca como ella se podía esperar cualquier cosa.
-¡Muy bien! -exclamó de pronto volviendo a mirarme con aquella cariñosa sonrisa a la que ya empezaba a acostumbrarme un poco.
Después de haber echado las últimas cartas, casi sin mirarme y como hablando consigo misma, tuve la sensación de que me volvía a acechar de nuevo.
-Ya tenemos aquí todas las cartas. Este es el mapa de tu vida -dijo con viveza, al tiempo en que dejaba a un lado las cartas que habían sobrado.
Yo la miraba a ella y miraba las cartas. Intentaba sonreír y pensaba qué loca historia era esta. ¿Cómo me podía ayudar a mí todo esto? ¿Dónde me había metido? ¡Esta tía está loca! Y por un momento sentí el impulso de levantarse y salir corriendo.
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