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-Al norte "El Ermitaño" -continuó la bruja como tirando de mí hacia el fondo de la espiral-, lo que tú tienes, la iniciación del guerrero, la luz interior. Que, con la ayuda de la inteligencia activa: "La Emperatriz" -dijo, siguiendo el círculo de cartas que había dispuesto sobre la mesa, en el sentido del sol-, verás la vida desde una nueva perspectiva: "El Colgado". Si no lo estás haciendo ya -observó lanzándome una penetrante mirada-. Desde este cambio de perspectiva, tendrás la ayuda de "La Estrella" para poder vivir tu pasión con locura: "El Loco". Pero alguien vela por ti. Vivir con pasión, te comunicará con la autoridad espiritual y moral necesaria: "El Papa", para entrar en la nueva era: "El Mundo". Y quizás no tan solo para entrar, sino incluso para abrir. Lo cual, naturalmente, acabará con todo lo que hasta ahora había tenido sentido -concluyó satisfecha señalando la carta de "La Muerte", al tiempo en que se dejaba caer sobre el respaldo de la silla.
-Pero todavía lo podemos ver desde otra perspectiva -dijo de pronto reincorporándose sin darme tiempo para reaccionar. Yo la observaba y escuchaba entre atemorizado y fascinado-. De norte a sur: la acción del guerrero desde la luz interior, con todos los recursos del Mago que llevas dentro, romperá con el orden establecido, lo cual no debe de preocuparte, ya que tienes la estrella que vela por ti al lado de la materia, y la autoridad moral en el del espíritu.
-Y de este a oeste -continuó la bruja entusiasmada-: Viendo las cosas desde otra dimensión, tendrás acceso a la oscuridad del subconsciente y con todos los recursos en tus manos, y ya sin el lastre del pasado por el que no te has de preocupar, accederás a la nueva era en la que la vida renace una vez más y se vuelve a manifestar.
Dicho lo cual, se dejó caer de nuevo sobre el respaldo de la silla suspirando profundamente, mientras de forma gradual, iba reapareciendo en su rostro aquella dulce sonrisa.
-Y bien, ¿qué tienes que decir a todo esto?
Me removí inquieto, carraspeé, me pasé la mano por la barba, me rasqué la cabeza:
-Pues..., no se... Ahora mismo, no sé qué decir...
Ella me observaba relajadamente, con aquella cariñosa sonrisa tan llena de peligros.
-Quizás... Bueno, el caso es que todo lo que me has dicho es muy interesante, pero ahora mismo no sé qué decirte, necesito pensar un poco.
-Voy a hacer café -dijo de pronto levantándose de la mesa-. Nos vendrá bien un café. -Y se dirigió a la cocina, que estaba en la misma sala, encendió una luz y las tres velas de un candelabro.
Yo me levanté, necesitaba moverme. Vi que en realidad no era tan alta como me había parecido. Me estiré, y fue entonces cuando me di cuenta de lo tenso que había estado todo el tiempo. Aquella mujer era alguien que de pronto parecía crecer como un gigante, y de pronto se encogía como una hormiguita. Vaya personaje, me había tenido en vilo todo el rato ¿Cuánto tiempo habrá pasado? En el fondo sentía una extraña fascinación por ella; no sabía por qué, pero la percibía como alguien entrañablemente excéntrico.
Acercándome a la ventana me sorprendí al ver que ya era de noche. ¿Qué hora será? En la pared de la sala había un reloj… pero… ¡no tenía agujas!
Ella me observaba en silencio desde la cocina. Era perfectamente consciente de haberme saltado encima de improviso, desde la oscuridad, como una araña, y de haberme tenido atrapado todo aquel rato; y ahora me había soltado y se complacía viendo moverme por allí.
-Oye. Pues todo esto que me has dicho es muy interesante. La verdad es que me siento bastante identificado con ello.
Ella sonreía en silencio.
-Bueno... quizás... Lo que pasa es que todo es como muy general. ¿No se si se puede decir algo más concreto?
-¿Solo o con leche?
-¿?
-El café.
-¡Ah! Con... con leche.
-Pues no tengo leche -respondió ella echándose a reír-, te lo vas a tener que tomar solo.
-Bueno, da igual.
La bruja, con toda la tranquilidad del mundo, procedió a servir el café en la pequeña mesa negra.
-En el pueblo dicen que soy una bruja loca, pero me tratan con respeto, hasta diría que con cariño. A mí me hace mucha gracia que digan que soy una bruja. Aunque a decir verdad, yo más bien
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