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punta de sus exageradamente largos y huesudos dedos la carta que acababa de echar-. Dios te ha castigado por tu arrogancia, te mandó un rayo y te dejó sin pasado, sin casa, sin castillo, sin tu torre de marfil. ¡Ja! Pero no te preocupes chico, esto no es malo, ¡al contrario! Un rayo ha fulminado tu gran ego de gran mago. Tu ego creció y creció… y se te comió, -dijo, casi gritó, abriendo los brazos teatralmente, echándose a reír de nuevo.
Gesticulaba entusiasmada, como quien ha hecho un gran hallazgo. Yo pensaba que estaba loca y me sentía incómodo. Además, ¿qué es esto de que me he quedado sin pasado? Aunque... pensándolo bien...
-El pasado es un lastre, pero sin pasado no somos nadie. Esta és una cuestión complicada, hay que sacar las enseñanzas del pasado pero liberándose de él emocionalmente. Recordar sin llorar ni odiar. Pero si has de llorar y odiar el pasado, llora y odia de una vez por todas, y déjalo -concluyó con fría determinación-. Por lo que me cuentas, ahora estas en un proceso de recapitulación. Eso está bien, pero no te cuelgues, no te quedes ahí. Tienes capacidad crítica y autocrítica, pero tampoco és una cuestión intelectual, son emociones que te persiguen y te condicionan, quizás las hay que vienen de muy lejos, quizás de vidas anteriores, cosas pendientes que tienes que resolver. Tenemos la libertad de aprender la lección o de seguir tropezando en la misma piedra -dijo echándose a reír con su risa loca.
Yo la escuchaba ensimismado y sorprendido intentando comprender lo que me iba diciendo. Por una parte pensaba que estaba loca, pero por otra, las cosas que me decía tenían mucho sentido. La puesta en escena era una locura, pero el mensaje me parecía de una gran lucidez. Justamente al revés de lo que se hace en publicidad, donde el mensaje és el medio. Se aparenta una gran seriedad con extraordinaria frivolidad. Un hermoso paquete lleno de palabrería.
-Bien -respiró hondo haciendo una pausa y observándome-. Vamos a ver qué pasa con el futuro.
-El futuro -repetí inquieto y me enderecé en la silla, como para ver la carta más de cerca. Ella, colocando una tercera carta a la derecha de la primera, se echó a reír, como lo que yo pensaba que era, una bruja loca.
-¡”La Luna!” ¡El futuro está a oscuras! ¡Está en la luna! -decía riendo como si fuera un chiste muy bueno. Y la verdad es que yo no sabía cómo tomármelo, lo cual aún parecía divertirla más-. La Luna, es la oscuridad -explicó la bruja al fin, poniéndose de pronto muy seria-, el subconsciente. Lo ignoto. La noche llena de peligros -y diciendo esto gesticulaba con sus impresionantes y expresivas manos de forma melodramática. Yo me volví a echar para atrás en la silla-. El nagual. -añadió solemne- El nagual es todo aquello que no sabemos, que no tiene explicación, que está fuera de nuestro alcance racional.
-¿El nagual es Dios? -pregunté.
-No. Sobre Dios tenemos una gran cantidad de explicaciones y definiciones. Al fin y al cabo, Dios lo creamos los hombres como un talismán que nos había de defender de nuestros propios miedos, pero que luego, el poder de la magia negra lo ha acabado utilizando contra nosotros. Pero esta es otra historia de la que ya hablaremos otro día. El nagual es el misterio insondable. Como dijo Lao Tse, el Tao que puede ser expresado no es el Tao absoluto.
-O sea, que, esta es tu realidad -resumió a modo de recapitulación-. Tú eres "El Mago", con todos los instrumentos en tus manos. Con un poder que ignoras y no controlas -puntualizó con énfasis-. El pasado se te rompió, tu ego "La Torre"; Dios te lo rompió con un rayo. Ya no tienes que ocuparte más de él. ¡Mejor! -exclamó con determinación-. De todos modos habrás de recapitular y sacar tus conclusiones, perdonar, perdonarte, aprender. Hacer autocrítica. Pero el futuro está a oscuras "La Luna". El subconsciente, y ahí deberás buscarlo. En el fondo sabes, pero aún no sabes lo que sabes -dijo mirándome fijamente.
Respiré hondo apoyado en el respaldo de la silla intentando relajarme. Estaba intrigado con aquella increíble historia. Pensaba que todo aquello era una fantástica locura, aunque, alguna parte de mí se sentía implicado en ello.
-La verdad es que últimamente, a veces, tengo la impresión de no ser yo -me aventuré a decir.
-¿Ah no?, ¿y quién eres tú? ¿Un publicista? ¿Un hippy? ¿Un pasota? ¿Un urbanita? ¿Un neorural? ¿Un ermitaño? “No te bañaras dos veces en el mismo rio”, dijo Heráclito. Tenemos un yo para cada cosa, para cada persona, para cada circunstancia.
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