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-Bueno, en realidad las cartas no son más que un vehículo, un lenguaje, una herramienta. Pero como toda herramienta, en nuestras manos se convierte en un poder -y diciendo esto sacó unas cartas de la cajita de cristales de colores y las fue esparciendo sobre la mesa diciendo-. Ya ves, el clásico Tarot de Marsella. Unos personajes impresos en unas cartulinas -dijo mientras pasaba sus largas huesudas y afiladas manos sobre los naipes-. Pero son algo más que eso, son arquetipos, son símbolos, son arcanos, metáforas de la realidad, aspectos de la conciencia -dijo sin dejar de observarme con sus ojos grises que a ratos parecían llenos de amor y comprensión y a ratos eran penetrantes y afilados como cuchillos-. Si te crees todo lo que te diga, estás perdido. Si rechazas todo lo que te diga, perderemos el tiempo -y diciendo esto soltó su sonora risotada.

-Bueno -concluí- creo que puedo arriesgarme. No diré que estoy de vuelta de todo pero ya he pasado lo mío. Además, como ya te he dicho, trabajo en publicidad, llevo más de veinte años ganándome la vida con ello. Quiero decir que sé algo de cómo se engaña a la gente.

-¡Ah sí, publicidad, muy bien! -asintió riendo-. La gran mentira.

-Sí, publicidad, la gran mentira -repetí-. Pero el problema es que cada vez me gusta menos trabajar enredando a la gente. Cuando estudié Diseño Grafico en la Escuela Massana, nos dijeron que la publicidad era un sistema de comunicación de masas, como las señales de tráfico, por ejemplo. Pero la verdad es que no es más que un sistema de comerle el coco a la gente. Y además es muy competitivo, muy estresante y muy inestable. De un día para otro te quedas sin trabajo. No tienes ninguna seguridad. Además, la  publicidad cada vez se ha vuelto más vulgar, más frívola, más infantil. Se copia directamente lo que hacen en Estados Unidos. Lo único que cuenta es que estés bien relacionado. No hay calidad. Bueno, y mi relación sentimental también es complicada e inestable. Mi pareja quedó preñada. Parecía que esto nos había de dar estabilidad, pero ni así. Estuve en tratamiento con una sicóloga, por el estrés, tomaba pastillas, pastillas para dormir, pastillas para estar despierto, pastillas para trabajar, pastillas para relajarme, tomaba entre cinco y siete cafés al día, hasta que me harté y lo dejé todo: el trabajo, la pareja, el sicólogo, las pastillas… paré en seco. -Bueno, vaya rollo que te estoy pegando.

Ella se echó a reír. -No te preocupes, es muy interesante todo esto que me cuentas, y yo te agradezco la confianza que me otorgas al contármelo.

-Además -añadí animado por su comentario-, me persiguen una especie de sueños muy raros.

-¿Sueñas mucho? -preguntó ella con interés.

-¡Bah!, son tonterías -y ella se echó a reír-. El caso es que de pronto me quedo mirando el fuego, o el agua, o lo que sea, y sin más ni más se me vienen una especie de alucinaciones.

-¡Sin más ni más!, ¿eh? -repitió ella con sorna barajando distraídamente las cartas-. Los sueños son más importantes de lo que se cree. Hay una tribu en África que por la mañana lo primero que hacen es reunirse en círculo y contar sus sueños, y a partir de ahí toman las decisiones del día.

-Bueno tengo sueños, pero también alucinaciones, se me va la olla, a veces ya no sé si una cosa la he soñado, la he vivido o simplemente la he pensado.

-No tienes tele -dijo ella riendo.

-Se ve muy mal.

-Mejor. La televisión nos crea una realidad paralela. Nos implanta una conciencia. Una conciencia aburguesada y aborregada alejándonos de nuestro auténtico ser. Te vendrá bien para desintoxicarte.

-Sí, en realidad yo me ganaba la vida con eso. Y me cansé. Me cansé de vivir de enredar a la gente. Me cansé de tanto márquetin para convencer a la gente de que necesita lo que en realidad no necesita. Y al final te acabas creyendo tus propias mentiras.

-El márquetin es una especie de magia. Es la magia moderna -explicó ella dejando las cartas a un lado-. Antiguamente había la magia blanca y la magia negra. La magia blanca era para ayudar a las personas, la magia negra era para utilizar las personas y servirse de ellas. Ahora hay márquetin, el márquetin blanco y el márquetin negro. El márquetin blanco es informativo, el negro persuasivo. Y la publicidad no se basa en informar sino en vender. El márquetin blanco estudiaría cuales son las necesidades de la gente para ver lo que necesita y como hacérselo llegar, poniendo el mercado al servicio de la sociedad. Por el contrario, el márquetin negro estudia cómo convencer a la gente de que necesita aquello que el mercado le interesa vender, poniendo la sociedad a su servicio -y se echó a reír de nuevo-. ¡Magia negra muchacho! Te ganabas la vida haciendo magia negra. Pero no te preocupes más de la cuenta, en esta sociedad capitalista que es como un gran mercado donde todo

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